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Lucas Poggi: “¿Mejor que lo que estoy?”

Lucas Poggi, deportista paralímpico y actor de División Palermo, visitó a Carmen Barbieri y habló de su historia y su vínculo con la discapacidad. Contó por qué durante años se manejó con muletas y cómo, cuando finalmente eligió usar una silla de ruedas, descubrió una libertad que no esperaba.

Lucas nació con espina bífida, una condición que afectó su movilidad, y durante gran parte de su vida se manejó con muletas. La silla de ruedas llegó recién de grande y, aunque al principio tenía dudas sobre qué significaría para su vida cotidiana, la experiencia terminó siendo exactamente al revés de lo que imaginaba: “Me senté y dije: ‘Che, estoy mejor’”.

La mirada de los demás sobre su discapacidad también atravesó su infancia. Lucas contó que sufrió bullying y, cuando Carmen le preguntó por qué, fue contundente: “Porque la gente siempre te quiere arreglar”. Según explicó, todavía suele encontrarse con personas que le preguntan si hizo tratamientos o buscan una solución para algo que él no vive como un problema: “¿Mejor que lo que estoy?”.

Lejos de convertirse en una limitación, la silla terminó dándole una independencia que hasta entonces no había experimentado. “Me siento mucho más libre”, aseguró Lucas, quien contó que gracias a ella pudo conocer distintos lugares del mundo y desarrollarse tanto en lo personal como en lo profesional.

El deporte apareció muy temprano en su vida. Lucas comenzó a nadar a los ocho años y, con apenas 16, fue convocado a la Selección juvenil. Un año después ya formaba parte de la Selección mayor y comenzaba un camino que tendría como gran objetivo llegar a los Juegos Paralímpicos. NOTA Lucas Poggi

Pero en medio de ese recorrido atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida. Mientras buscaba la clasificación, su mamá, Olga, atravesaba una enfermedad terminal. Lucas contó que un día antes de que ella muriera le hizo una promesa que terminaría marcando su carrera: “Le prometí que iba a llegar a un Juego”.

El camino, sin embargo, fue más largo de lo esperado. Lucas recordó que incluso le habían advertido que, si después de los 25 años todavía no había conseguido clasificarse, difícilmente pudiera lograrlo. Pero la frustración nunca fue más fuerte que sus ganas y, finalmente, a los 28 años recibió el mail que había esperado durante tanto tiempo: su nombre estaba en la lista. Había cumplido la promesa que le hizo a su mamá y se había convertido en atleta paralímpico. 

Ese “había cumplido la promesa” me mata un poquito, Ju. Y después podemos bajar la emoción y pasar a División Palermo, que también es hermosa la historia de cómo llegó casi de casualidad.

Después de más de dos décadas dedicado a la natación, Lucas decidió cambiar de rumbo y comenzó a practicar remo. Fue justamente durante esa transición cuando apareció otra oportunidad inesperada: la actuación. Empezó a anotarse en castings publicitarios hasta que recibió un mensaje para participar de una serie. Al principio ni siquiera respondió, convencido de que se trataría del típico papel construido alrededor de una persona en silla de ruedas.

Pero la propuesta era muy distinta: querían que interpretara a un villano en División Palermo. “Yo no soy actor”, advirtió cuando finalmente se contactó con la producción. Lo convocaron igual, hizo varias pruebas y terminó quedándose con el papel en la serie de Santiago Korovsky, dando comienzo casi de casualidad a una nueva faceta de su vida.

Una historia en la que su movilidad nunca fue el verdadero límite: muchas veces, el límite estuvo en la mirada de los demás.

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