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La reflexión final de Dante Gebel sobre la Ley del Embudo: "Predica y no practica"

La reflexión final de Dante Gebel sobre la Ley del Embudo: "Predica y no practica"

El conductor terminó el programa con un pensamiento sobre las apariencias.

Antes de terminar el programa, Dante Gebel decidió llevar a los televidentes un pensamiento final sobre las apariencias y cómo deberíamos actuar en concordancia con lo que pensamos.

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El objetivo de este espacio es hacer una mirada retrospectiva para irnos a la cama con una reflexión profunda de situaciones cotidianas. "Momento para pensar juntos la bitácora de La Divina Noche, como cada martes", introduce el conductor. 

La reflexión completa de Dante Gebel sobre "La Ley del Embudo" 

Lo malo de la conciencia es que siempre está hecha a la medida, dijo Jacinto Benavente. Y la expresión popular Ley del Embudo, que le da nombre a esta reflexión, hace referencia a una injusticia donde una de las partes recibe un trato más ventajoso que la otra. En Argentina se usa mucho. Hay una rima parecida que dice: "La ley del embudo, la más linda". Pero es una forma de autocompasión o de sesgo discriminatorio. Los anglosajones hablan de lo que se llama "la doble vara de medir", para hacer referencia al tratamiento desigual o a una evaluación mucho más severa que la otra. En la Ley del Embudo hay una clara muestra de egoísmo, como alguien que se queda con lo mejor para sí y para el resto lo que sobra o lo peor, o lo más pequeño.

Entonces, a ver, la Ley del Embudo es contraria a los principios de igualdad ante la ley y la equidad. Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, hace cinco siglos, dijo "Inicua la ley que igual a todos no es". O sea, de poco sirven las leyes que no son iguales para todos. No puede ir preso el ladrón de gallinas, como decimos siempre, y el gran empresario que evade impuestos no. Porque ahí es cuando se parece a esta famosa letra chica en los contratos que se utiliza para sacarle partido a todo. Cuando se hace esa diferencia entre unos y otros es cuando se mide con una vara distinta. Quienes adhieren a la Ley del Embudo tienen un perfil que los hace pensar sólo en ellos, después en ellos y después del resto de la humanidad, ellos. Pero estas personas son especialistas exigiendo cosas que no, que no son capaces de dar. Son los que pretenden que el mundo se adapte a ellos y a sus necesidades

Ya sé. Te estás acordando de alguien, todos nos estamos acordando de alguien o de varios, porque son ladrones de energía, son como te vampirizan, nos drenan, nos chupan la energía en lugar de la sangre. Dice el relato que ya hacía dos días que Abdul se hallaba perdido en el desierto, sin camello, sin agua. El tipo estaba condenado y al tercer día un jinete se divisa en el horizonte, con las últimas fuerzas comienza a gritar, tratando de llamar la atención del tipo. Y el jinete, al acercarse lo reconoció. Abdul era un mercader muy conocido y muy rico. Entonces le agradeció que se hubiese detenido y que si no fuera por él estaría muerto. "Entiendo", dijo el jinete. "Pero no te alegres todavía, porque yo sé quién eres, Abdul. Yo te puedo ayudar, pero con dos condiciones.

La primera es que deberás cederme todos tus bienes si quieres mi ayuda, en este caso mi agua". Abdul dice: "Son tuyos. ¿De qué me van a servir los bienes muerto? Además, pensó: "Con las relaciones que tengo, con las conexiones, consigo recuperar todo pronto". ¿Cuál es la segunda condición? Bueno, el tipo le dice: "Deberás resignar tu libertad y ser mi esclavo por el resto de tus días". "Ah, no, eso no", dijo Abdul. "De ninguna manera". "Bueno, vas a morir". "Bueno, moriré", dijo el tipo. Y el jinete se fue abandonando a Abdul a su suerte. Mientras se alejaba pensó: "Qué idiota este mercader, porque el tipo ya había perdido todo lo que poseía. Si yo tuviera su lugar no tendría el orgullo ese que ahora lo va a llevar a perder la vida". Lo que no entendía el jinete es que los intereses siempre son negociables, siempre, pero los valores no.

Ahí, en ese momento, ahí es cuando salta la ficha, porque dan la imagen de tener ciertos valores y critican a quien no tiene esos valores. Pero en realidad, la verdad, es que ellos tampoco practican esos buenos comportamientos que tanto predican. Viste la gente son los que creen, mejor dicho, que lo que ellos dicen es lo correcto y que los demás son los equivocados. Y critican a otros lo mismo que ellos hacen a escondidas. Esa, señores, es la doble moral. Los que critican la corrupción y por detrás están haciendo los negociados. Los que aparentan un matrimonio modelo y en la intimidad son maltratadores. Los que critican la evasión pero tienen empleados en negro. Los que con una mano piden transparencia y con la otra pagan sobornos. El sobre debajo de la mesa. Los que están en contra del consumo y el capitalismo. "Yo no me banco toda esa cosa. Yo estoy en contra del capitalismo". Y andan con todo último modelo, autos, celulares

Está bien, fenómeno, pero no nos pongamos en la doble moral, porque a veces no hay coincidencias. No es coincidental en lo que se defiende y lo que se hace. Y nos rasgamos las vestiduras por las actuaciones ajenas, pero capaz que nos comportamos en secreto, peor que los demás. Dijo Samuel Beckett: "Los moralistas son personas que se rascan ahí donde a otros les pica". Hipócritas, hipócritas. Proyectan a la sociedad una imagen que no son capaces de sostener por mucho tiempo. O sea que Margaret Eichler explica que la doble moral implica que dos cosas que son iguales se miden con diferentes estándares. Y ahí se transgrede el principio de la imparcialidad.

 Entonces, a ver, la diferencia entre doble moral e hipocresía es que la doble moral se refiere a un comportamiento que no es justo, mientras que la hipocresía es un engaño en beneficio de la propia reputación y en esencia se refiere a un comportamiento deshonesto. Bertrand Russell dijo: "La humanidad tiene una moral doble, una que predica y no practica, y otra que practica pero no predica". Y siempre, en todas las acciones de quienes emplean la doble moral, los que miden con doble vara los perjudicados son el resto. Y ahí se aplica la Ley del Embudo. En la política ni hablemos. Y para hacer dulce, la economía también nos muestra a diario, la Ley del Embudo.

Entonces, no avalemos esta ley, lo malo que hacemos siempre vuelve. Porque la Ley del Embudo cuando uno la está avalando, de alguna forma nos va a tocar. Sócrates decía: "La buena conciencia es la mejor almohada para dormir". Un embudo sirve en un laboratorio para rellenar una botella sin volcar el líquido. No fue hecho para utilizar nuestras acciones de la vida. Señores, hay que derogar esta ley, la Ley del Embudo. Ojalá que volvamos a la equidad cuando todos realmente seamos iguales, que es el verdadero ejercicio de la democracia. 

Antes de desearte que tengas una divina noche, como siempre, antes de despedirme, quiero decirte que lo prometido es deuda. Ya está ahí, en nuestro escenario principal, nuestro querido Agustín, más conocido como Soy Rada. Hoy va a despedirnos con una canción que yo se la pedí especialmente. Me encanta. Aparte, como la toca con el ukelele, avísame cuando llegues ahí. Nos despide con su música, con su canción. Este gran artista histriónico. 

Que tengas una divina noche. Que Dios te bendiga. Hasta la próxima.

 

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