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La reflexión final de Dante Gebel sobre salir de la zona de confort

La reflexión final de Dante Gebel sobre salir de la zona de confort

El conductor se refirió a dejar los miedos atrás y animarnos a enfrentar desafíos en las distintas áreas de nuestra vida

La recta final del programa de Dante siempre está marcado por un momento que sus televidentes esperan con ansías y que tiene que ver con ese oasis previo a ir a dormir tras una jornada compleja y cargada de preocupaciones sobre el futuro. Gebel aprovechó la atención de sus oyentes para alentarlos a que puedan animarse a tomar desafíos nuevos, aunque eso los haga salir del lugar en el cual se sienten cómodos. "Con el tiempo descubrí que el principal obstáculo para lograr algo en la vida es dejar nuestra zona de confort", reflexiona el conferencista. 

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"En psicología, la zona de confort es un estado mental donde la persona permanece pasivo ante los sucesos que experimenta a lo largo de su vida. Desarrolla una rutina sin sobresaltos ni riesgos, pero también sin incentivos.Son esos lugares o situaciones donde uno se siente seguro, donde no hay ningún riesgo", analiza Dante durante el momento más emocional de La Divina Noche

La reflexión completa de Dante Gebel sobre "salir de la zona de confort" 

Muy bien, señoras y señores. Recta final. Lindo programa hoy. Me encantó. Siempre me encanta hablar con Lalo. La segunda vez que me toca entrevistarlo y es un personaje muy ecléctico. Es un hombre muy viajado, por supuesto, siempre está viajando y tiene anécdotas de todo el mundo y se ha animado a hacer cosas muy locas para la radio, para la tele. Siempre está queriendo generar nuevos proyectos y no sé si se dieron cuenta que es un nene, es un niño en el mejor de los sentidos, digo, encerrado en el cuerpo de un adulto. Genial, Lalo Programa de lujo.

 Yo pensaba, antes de llegar a este tiempo de reflexión, que el principal obstáculo que tenemos a veces para lograr algo en la vida es dejar la zona de confort, la zona de comodidad. No tenerle miedo a lo diferente, a los desafíos, a sentirse fuera de la zona de influencia. Perder el temor a perder. En psicología, la zona de confort es un estado mental donde la persona permanece pasiva ante los sucesos que experimenta a lo largo de la vida. Entonces va desarrollando una suerte de rutina, sin sobresaltos, sin riesgos, pero también sin incentivos. Son esos lugares o situaciones donde uno se siente seguro. No hay riesgos, como el halcón que no podía volar.

 Hay una historia, porque siempre a través de las metáforas uno aprende mucho. Hay una historia que dice que un rey recibió como obsequio un pichón de halcón y lo entregó a un maestro para que lo entrene. Pasaron dos meses, el instructor le comunicó al rey que no sabía qué le pasaba al halcón. Porque desde su llegada al palacio, no se había movido de la rama a tal punto que había que llevarle el alimento al tipo. Y el rey mandó a llamar a curanderos, a sanadores, pero nadie pudo hacer volar al ave. No daban con la patología. Entonces hizo público un edicto entre sus súbditos y en la mañana siguiente lo ve al halcón volando en sus jardines. Y el rey, dice, el monarca: "Tráiganme al autor de este milagro". Y ante el rey aparece un campesino, y el rey le dice: "¿Cómo lograste que el halcón volara? Eres un mago?". El tipo dice: "No, no fue difícil. Le corté la rama". Claro, el pájaro se dio cuenta de que tenía alas y echó a volar o si no se hacía torta contra el piso. Entonces a veces es necesario quedarse en la rama para recuperar fuerzas. Pero si uno se queda en esa zona de confort durante mucho tiempo, nunca vamos a saber, nunca vamos a estar seguros cuán lejos podríamos haber llegado. Y a veces necesitamos que alguien nos corte la rama. Que nadie nos impida volar. Uno tiene que ser uno mismo.

 Pero bueno, en la zona de confort evitamos el miedo, evitamos la ansiedad. Vivimos en piloto automático porque estamos bien, seguros. Todo bajo control. Si no está roto, no lo arregles. Vieja frase de los medios de comunicación. Nos movemos dentro de lo conocido. Es como el pez en la pecera. ¿Qué le va a pasar a un pez en la pecera? Y así vamos vegetando a lo largo de los años. Se produce lo que se llama el vacío existencial, porque el bienestar que se siente no es producto de la satisfacción, del orgullo, del logro, sino de la ausencia de emociones negativas. No me va muy bien, pero tampoco me va mal. No, uno tiene que, creo, me parece a mí, digo, ir más allá de lo conocido, aceptar equivocarse. El error enseña. La vida cambia y nosotros también. Brian Tracy, un empresario y aparte orador motivacional, dijo: "Tienes que salir de la zona de confort porque sólo se puede crecer si estás dispuesto a sentirte incómodo y molesto por intentar algo nuevo". Pues había un auto estacionado en el garaje. Y el hombre siempre sentía que estaba seguro, que no le iba a pasar nada. Pero un día se dio cuenta de que esa no era la finalidad para la cual lo había comprado, ni para lo cual se había construido el auto. Entonces uno dice: "Bueno, metí el auto en el garaje, no voy a chocar nunca". Y más vale. Pero el auto no es para eso. Víctor Hugo, el poeta francés, dijo: "El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles, lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Y para los valientes, la oportunidad". Y anota esta frase: "¿Cómo podemos ser quienes queremos ser si seguimos siendo lo que somos?".

 Entonces uno crece fuera de la zona de comodidad. Salir de lo conocido. Y entonces ahí uno ve hasta dónde es capaz de llegar. Porque la vida consiste en buscar más que en encontrar, en preguntarse más que en lograr respuesta. Me explico o estoy demasiado filosófico. Lo que trato de decir es que no significa sentirnos insatisfechos, sino saber que siempre se puede uno expandir, ir un poco más allá. Eso es lo que ha hecho Lalo, nuestro invitado el día de hoy. Es un tipo que hoy lo vemos como el precursor, el pionero. En su momento decían que el tipo está loco, decía que estaba en Saigón, decía que estaba acá y estaba a la vuelta. Pero el tipo arriesgaba, se jugaba y por eso logró ser este animal de radio, este referente para todos los que intentamos torpemente estar en las comunicaciones. Un referente porque el que no arriesga no gana, dice el refrán popular.

 El psicólogo israelí Daniel Kahneman, que ganó el Premio Nobel de Medicina, nada menos por la investigación sobre el concepto de aversión al riesgo. Kahneman identificó que los seres humanos cuando tenemos un 50% de probabilidades de ganar y un 50% de probabilidades de perder, preferimos evitar el riesgo. Y es fifty fifty, 50 y 50. ¿Cómo puede ser que preferimos perder? Porque claro, la fórmula de estar vigente y no quedar en el olvido es la reinversión. Reinventarse, la reingeniería. Las grandes compañías, las grandes empresas, tienen que reinventarse. El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estabas. No se trata de hacer cosas grandes, imposible. Se trata de salir, insisto, de la zona de confort, cambiando algunos hábitos.

 Muchas veces la rutina. Cuando no hacemos cosas que nos gustan, nos cansa. Vamos perdiendo la libertad y uno lo hace, insisto, con piloto automático. Albert Einstein decía: "No se deja de pedalear cuando se envejece, se envejece cuando se deja de pedalear". Y también me gusta la versión que dice: "uno no, no deja de jugar porque envejece, envejece porque deja de jugar". Entonces busquemos las oportunidades, hagamos que las cosas ocurran. Nunca sabremos lo que nos espera ahí afuera, a la vuelta de la esquina, qué va a traer la marea mañana, si nos dejamos dirigir por lo que nos mantiene esclavos en el presente. El miedo es lo que nos impide crecer. Yo me acuerdo que tenía un profesor en la secundaria que decía: "Imaginate que sos un cactus. Y al principio un cactus en una maceta tiene el agua y la luz que necesita para crecer, para ser feliz y disfrutas de los pequeños momentos. El tiempo pasa y el cactus se empieza a dar cuenta de que no creció más y que esa maceta es lo que no le permite ser él mismo. Está en un lugar seguro, cómodo, pero no crece. Y un día empieza a plantearse el cactus qué pasaría si saliera de su maceta cómoda y se plantara en una tierra más grande, con más espacio, con mejor oportunidad de crecimiento. ¿Sería igual de pequeño, estaría incómodo? Y comenzó a sentir miedo por si le pasaba algo. ¿Y si no recibió agua? ¿Y si me faltan los nutrientes para poder crecer sano? Se sentía solo, pero lo hizo igual. ¿Habría hecho bien tomando esa decisión? Quizá debería haberse quedado en su pequeña maceta. Bueno, el tipo prefirió no mirar atrás. La decisión ya estaba tomada. Pero como sentía miedo, por si no sería capaz de sobrevivir, tuvo que pensar en qué hacer. Así que comenzó a expandir sus raíces para sobrevivir. Comenzaban a hacerse grandes. Fuertes las raíces, claro. Y nunca imaginó que sus raíces podrían ser capaces de tanto. Y se dio cuenta el cactus, decía mi profesor, de que no tenía límites, que podía llegar hasta donde quisiera y comenzó a crecer". Y de eso se trata, señores, de no dejar nunca de crecer.

 Así que, mis queridos cactus, no tengan miedo. Salgamos de la zona de confort, porque eso es lo principal. Arriesgarlo todo es un riesgo. Me acuerdo cuando Mario Pergolini me propone y me dice: "Hacemos este programa en tele". Porque lo teníamos en radio, en su emisora. Y yo decía: "El riesgo es grande y capaz que nos había en capaz que no va mal". Y después digo: "¿Qué es lo peor?". Lo peor es quedarte en la maceta y decir "no, pero acá está bien, acá la gente me escucha". Corramos el riesgo y quién sabe al otro lado de la esquina, a la vuelta de la Providencia divina, uno se encuentre con esa bendición, con esa recompensa que nunca uno hubiese encontrado de no ser porque se animó a correr un riesgo. Así que a trabajar, señores, arriesgarse. Nosotros nos vemos aquí la semana que viene. Gracias por ser fieles. Gracias por estar ahí. Gracias por acompañarnos. Siempre es bueno tener un programa de esto, donde podemos pensar, reflexionar, reírnos un rato, pasarla bien con invitados. Por mi parte, que Dios te bendiga. Y nos encontramos el martes que viene.

¡Que tengas una divina noche!

 

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