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La reflexión final de Dante Gebel sobre la importancia de soltar

La reflexión final de Dante Gebel sobre la importancia de soltar

Soltar los problemas, las angustias, dejarlas ir, es uno de los objetivos de cualquier persona.

Llega el clásico de cada martes, uno de los momentos ideales para bajar un cambio previo a irse a dormir. Es que Dante Gebel toma los minutos finales de su programa para remarcar la importancia de saber desprenderse de aquellas personas, situaciones y recuerdos que no sacan lo mejor de cada uno. 

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El objetivo de este espacio es hacer una mirada retrospectiva para irnos a la cama con una reflexión profunda de situaciones cotidianas. "Momento para pensar juntos la bitácora de La Divina Noche, como cada martes", introduce el conductor. 

La reflexión completa de Dante Gebel sobre "Aprender a soltar" 

El novelista ruso León Tolstoi dijo: "Todo el mundo piensa en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo". O sea, soltar los problemas, las angustias, dejarlas ir, que creo que es uno de los objetivos de cualquier persona. Lo hablábamos con Jorge recién, también. Si uno mira continuamente atrás y no es capaz de soltar el pasado como que no podemos disfrutar el presente y mucho menos construir el futuro. Es como leer un libro. Si no pasamos de página, no avanzamos, nunca vamos hacia adelante. Entonces hay que aprender a soltar. Que no significa necesariamente olvidar. Soltar. Pero no solo experiencias negativas, porque con las positivas pasa igual. Nada es permanente. Todo tiene un fin, que puede ser el principio de una temporada nueva. Como todo en la vida, se trata de encontrar el equilibrio. Aprender a manejar el apego y el desapego, que es como ir en la ruta. En una banquina, los apegos, los vínculos. En la otra banquina, el soltar. Y uno tiene que ir por el medio tratando de no caer en ninguno de los dos costados y quedarse ahí. 

Soltar duele. ¡Cómo que no, caramba! Se va una parte de nosotros. Pero hay una frase que dice: "Sentir dolor, no es lo mismo que sufrir". Soltar significa desapegarse de alguien o algo que nos tiene anclados porque somos de acumular. Hay que aceptar que hay cosas que no podemos poseer. E inevitablemente, claro, eso conlleva un sentimiento de ruptura, de pérdida. Cuentan que un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, a Egipto. El tipo estaba de turista visitando la ciudad y fue a ver a un famoso sabio. Cuando llegan turistas, se sorprenden que el sabio vivía en un cuartito, lo único que tenía eran unos libros, una mesa, un banco, una cama y le dice el turista: "¿Dónde están sus muebles?". Y el sabio responde: "No, no tengo. ¿Y dónde están los suyos? ". "¿Los míos? Cómo voy a tener si yo estoy de paso". Y el sabio dice: "Bueno, yo también estoy de paso". Entonces, estamos de paso, hay que dejar los muebles atrás. Porque aparte no nos llevamos nada de este mundo. Nunca vamos a ver un camión de caudales que sigue detrás de un cortejo fúnebre. Nunca, no nos llevamos nada. 

En 1921, Lewis Terman, profesor de la Universidad de Stanford, hizo un estudio que derriba la idea de que el coeficiente intelectual es sinónimo de éxito en la vida. Entonces, él eligió entre 250.000 alumnos y alumnas de primaria y de secundaria, los 1470 de mayor coeficiente intelectual. Los top. Y comprobó, después de hacer un seguimiento, que varias décadas después este grupo seleccionado no fue el que mayores éxitos alcanzó o los que hicieron mayores aportes a la sociedad. El intelecto alto necesariamente no garantiza el logro de las metas, del éxito. Entonces, ¿de qué se trata? ¿Por qué algunos solucionan problemas rápido y otros no? La actitud. Es la actitud ante los problemas. Por ejemplo, supongamos que sufrís por algo, no le encontrás la vuelta, decís, bueno, me voy a hacer terapia. Y estás contento porque encontraste un terapeuta, un psicólogo que te ayuda a salir adelante. Entonces decís: "Pucha, capaz que el día de mañana sufra de nuevo, me llevó al psicólogo a vivir conmigo, a mi casa y me ayuda cuando lo necesito me lo traigo. Psicólogo de planta". Claro y eso te trae problemas con tu pareja, con tu familia, tenés que mantenerlo. El tipo se arma el consultorio en el living, pero no querés que se vaya porque te puede ser útil, porque un día te salvó y ese es tu problema. O ese es nuestro problema, el soltar. Tenés que rajarlo de la casa. Es dejar atrás aquello que alguna vez me sirvió, pero que hoy no tiene sentido en el nuevo camino. 

Hay que apostar a que, hay nuevos sufrimientos, sí, porque la vida no es un paseo por el parque, pero bueno, habrá que encontrarle nuevas soluciones. Y algunas personas piensan que aferrarse a las cosas les hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltar que para retener. Lo dijo un famoso escritor. Bueno, la gente visitaba a un hombre sabio, ya que estamos hablando de sabios, y se quejaban de los mismos problemas una y otra vez por ahí. Entonces el sabio les contó un chiste. Se rieron todos. Después de unos minutos les cuenta el mismo chiste y esta vez sonrieron. Y luego les cuenta el mismo chiste por tercera vez y ahí no se reía nadie. El sabio dice: "Vieron, no se pueden reír del mismo chiste tres veces. Entonces, ¿por qué siempre lloran por el mismo problema?". Es disfrutar de lo bueno y aprender de lo malo, pero sin quedarnos atrapados en esa red. 

Y esto para cerrar, cuentito para irnos, cuentan que en un lugar de África los cazadores tienen una manera muy sencilla de atrapar a los monos. Van dejando en el camino un rastro de maníes que les gusta mucho a los monos. Y este camino llega hasta un pequeño agujero en el árbol. La cosa es que ponen el resto de los maníes ahí, en el hueco del árbol, donde más tarde lo van a atrapar al tipo. Y bueno, el mono va siguiendo el rastro, va tomando los maníes hasta que llega al hueco del árbol, mete la mano, llena todo su puño con los maníes que se encuentran dentro. Cuando intenta sacar la mano no puede porque cerró el puño, porque se quiere llevar los maníes. Entonces, como mantiene el puño firmemente cerrado le resulta imposible sacar la mano del agujero tan pequeño. Y el tipo lucha, se desespera y no se da cuenta que para poder liberarse solo necesita abrir su mano y dejar ir. Porque así es apresado por los cazadores. Yo cuando escuché esta historia recordé las veces que nos quedamos atrapados de la misma manera que el mono, porque sujetamos con fuerza, nos aferramos a relaciones, a situaciones y estamos ahí con los puños cerrados. Y esto nos muestra que en ocasiones no nos damos cuenta que nuestra liberación, nuestra liberación, sólo depende de soltar, de abrir la mano, desprendernos, liberarnos de todo aquello que nos impide estar bien. Hay que ser feliz lo más que se pueda, ser minimalista, saber que estamos de paso. Todos estamos en tránsito. Por eso, amigo, aprendamos a soltar. No seamos como los monos, sigamos adelante, livianitos, sin muebles que andamos de paso, insisto.

Señoras y señores, gracias por estar ahí. Nos vemos el próximo martes. Dios mediante. Que Dios te bendiga y que tengas una divina noche. 

 

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