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luciano castro

Galán en ruinas emocional

La farándula entró en cortocircuito total cuando el galán de catálogo, el prolijito emocional, el señor “todo bajo control”, terminó internado después del escándalo con Griselda Siciliani. Luciano Castro pasó del “buen día guapa” al “buen día terapia” sin escalas, sin anestesia y sin filtro. Porque cuando el archivo habla, el personaje se desarma, Doña, y el relato de hombre perfecto se cae como castillo de naipes mojado.

Audios, mensajes, historias cruzadas, rumores y versiones hicieron estallar la “vida ideal”. El galán estable se convirtió en el protagonista del derrumbe más rápido del espectáculo argentino. La separación, el escándalo y el señalamiento público dejaron a Castro en modo colapso emocional, con la imagen hecha trizas y el ego más golpeado que relato político en año electoral.

La internación confirmó que no era acting ni victimismo mediático: era crisis real. Y ahí apareció la voz autorizada, la vocera no oficial del caos: Moria Casán, que salió a poner palabras, contexto y traducción benditera: decisión personal, necesidad de sanar, bronca acumulada, hartazgo del circo mediático y un cuerpo que dijo “hasta acá”. Nada de frases lindas: proceso duro, real y sin glamour.

En versión Bendita: se cayó el galán, se rompió el relato y quedó la persona. Sin personaje, sin pose, sin marketing emocional. Del hombre perfecto al hombre roto. Porque cuando se termina el amor, se cae la máscara… y cuando se cae la máscara, no hay Photoshop que te salve, Doña.

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